lunes, 26 de mayo de 2014

Poder Ciudadano, reforma del Estado..



El proceso de crecimiento y complejidad experimentado por la sociedad, las ciencias administrativas, la tecnología y el mercado contrastan con la rigidez de la República y el Estado. Esta realidad parece haber ganado la apuesta al pensamiento político del siglo xxi, el cual ha sido incapaz de sugerir una repuesta a dicho dilema.

La República  conforme a la teoría fundacional, es un sistema político basado en el imperio de la ley,  y sobre todo el principio de la igualdad ante ella. Pero, debe seguir siendo la ley el centro, la  razón  de ser y el objeto de estudio de la República  Hacia donde debe erigirse, y evolucionar la República como sistema político? Sigue siendo válido la definición subjetiva de la República como sistema político?

Qué tal si observamos a la República desde una perspectiva  ciudadana, distinta, por demás?

Pues bien, es justo reconocer que es a partir  de la segunda guerra mundial que crece el esfuerzo, sistematizado, de un concierto de países, en el marco de entidades multilaterales, como es el caso de las naciones unidas, en torno a qué hacer en favor de millones de ciudadanos viviendo, si vale el término, en situación de pobreza, e indigencia social, ante la mirada indiferente de la Republica, el Estado y, su matriz gerencial, el gobierno.

Los 189 países integrantes de las Naciones Unidas, reunidos en el año 2000, lograron definir y fijar los objetivos del milenio, en el contexto de un programa centrado en el desarrollo humano, que por vez primera colocaba en el centro de la agenda mundial, sino al ciudadano, a su condición de pobreza e indigencia social, algo loable y significativo a todas luces.

Si bien es cierto que este hecho representa un salto, una ruptura, respecto a siglos de olvido, a favor  del ciudadano que había sido visto como una pieza utilitaria y marginal, no es menos cierto que fue incompleto y que nos queda el legado, compromisario, de articular los cambios que ha de experimentar la visión y misión de la República, el Estado y el gobierno de cara  a resarcir al ciudadano Poder y rector del estadio y estado de cosas en su favor.

Sin embargo, hay que inferir que este hecho histórico ha de servir  en tanto ser útil a la evolución de la teoría, moderna, de la República.

Y siendo el ciudadano la figura rectora, a la vez que encarna y representa el sistema decisional, quien a su vez ejerce el sufragio y es el depositario, objeto, de los derechos humanos, sociales, jurídicos, y políticos, trasciende repensar su lugar en la nueva estructura funcional de poderes del Estado. Es importante destacar que, por igual, en el es que recae el derecho a escoger y designar a los gobernantes, aunque un tanto sesgado y distorsionado por los sistemas administrativos electorales y jurídicos.

El ciudadano, visto desde la perspectiva función electoral, y de quien es el actor principal, es la matriz y raíz posterior de la legitimidad y la soberanía del sistema político de la República.

Sin embargo, hay que decir en honor a la realidad que el ciudadano ejerce a media estos derechos y prerrogativas, aun consagradas de la constitución y las leyes, por lo que se requiere de establecer mecanismos y políticas de tipo instrumental que erijan, garanticen y conforten el poder real del ciudadano previo, durante y posterior a su dilatado ejercicio y voluntad expresada en cada caso en que lo manifieste el modelo.

El estadio y el estado del deterioro, progresivo, del poder ciudadano no ha tenido limites en la historia, aunque bien es cierto que ha habido pausa y pretensiones de dar y otorgar, en tanto concentrar y erigir, de manera real, jurídica, política y sistémica, la naturaleza, el ámbito, y las funciones y alcance del poder ciudadano. Esto implica una revisión doctrinal e ideológica de la teoría de la ciudadanía y el principio de la soberanía popular.

Hemos llegado a la conclusión de sugerir, a la vez que reclamar, erigir y dar rango constitucional al Poder Ciudadano en el contexto de las políticas públicas de reforma y modernización de la República, y el propio Estado.

El Poder Ciudadano, como parte fundamental de la nueva estructura función de Poderes del Estado, estará compelido a garantizar los derechos civiles, humanos, políticos, jurídicos, patrimoniales, financieros, y crediticios,  entre otros, a la vez que garantizar y centrar por vez primera la soberanía, real,  ciudadana en el contexto de la legitimización del ciudadano como eje transversal del sistema político de la República  del Estado, del gobierno, de los partidos y la democracia en su conjunto.

El Poder Ciudadano, habría que entenderlo como la entidad rectora y central del sistema de ciudadanía, la soberanía ciudadana (popular), el debido proceso ciudadano, el referéndum revocatorio, y el sistema de los derechos sociales, humanos, políticos, jurídicos, financieros, crediticios y patrimoniales del ciudadano, entre otros. Quien (?) ha de encarnar y representar, y como escoger a quien ejerza y presida el Poder Ciudadano, ..es una tarea de y para  una próxima entrega.

Nos queda, por igual abordar, el Poder Contralor, el Poder Político y el Poder Municipal en el contexto de la teoría de la democracia triangula,  del programa de reforma y moderación del sistema político de la República y el Estado. Un nuevo modelo de gobierno, está en agenda, por igual.


Miguel Angel Severino Rodríguez 

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