martes, 6 de mayo de 2014

el Estado recaudador, un obstáculo al desarrollo.

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El déficit fiscal se ha convertido, como por arte de magia, en el común denominador de los países, los Estados y los gobiernos durante la primera década del siglo xxi.

Y tal parece que los tratadistas y estadistas, e inclusive los articuladores y diseñadores de políticas públicas, solo tienen a manos tres opciones en la bitácora de las finanzas públicas: a) incrementar los impuestos, b) reducir los gastos, y c) una combinación de de las dos, ‘a’ y ‘b’.

Tal parece que el Estado moderno carece de escuela sobre mercado, finanzas públicas y gestión del desarrollo, pues cada vez que los gobiernos requieren de más recursos para financiar sus plataformas programáticas, presupuestarias, recurren, siempre, a la solución más a la vista, de los miopes, a la reforma fiscal con énfasis en la creación de nuevos impuestos o en el aumento de las tasas de los ya existentes, influenciado por aquello de la teoría del menor esfuerzo.

En el Estado se puede colegir como ley o premisa general el que todos los gobiernos acuden a la búsqueda de la solución más simple cuando se trata de procurar más recursos para financiar gastos pautados por la dialéctica electoral.

Y es que no sé si es por falta de formación, escuela, doctrina o teoría del desarrollo y finanzas públicas que el Estado moderno se aferra, como ley de conducta, a la función recaudadora, lo cierto es que deja mucho que desear esta actitud que por demás afecta el capital de trabajo de las empresas y los agentes del mercado y que se ha convertido en un obstáculo del desarrollo, pues la función del Estado no es la de recaudar para concretizar en tan solo un periodo de gobierno todas las metas, sin frenos, de sus gobernantes.

Por el derrotero que va el Estado moderno ha de terminar sepultando la rentabilidad del sector privado, consumiendo el capital de trabajo de la sociedad emprendedora al trasladar, vía los impuestos, los déficits públicos al sector privado en una carrera desenfrenada por trascender en lugar de hacer y pasar a la historia por las puertas de los hechos.

A los gobiernos se les olvida que el Estado es socio de los productores de rentas, divisas,  riquezas, y patrimonio vía el imperio de la ley fiscal, tributaria, y que en lugar de priorizar y desarrollar la vocación recaudadora debe, el Estado, trabajar en la creación de las condiciones de costos y mercado, seguro, favorables para asegurar y elevar la rentabilidad del aparato productivo nacional y por vía de consecuencia incrementar los, y sus ingresos.

La función vital del Estado jamás ha de  ser de pescar a los generadores de altas rentas para aumentar los niveles de recaudación, pues el propio Estado viene transgrediendo la voluntad soberana y la legitimación que le otorga la doctrina que lo erige, en derecho el constitucional, para saciar y desarrollar una política de gastos expansiva por encima de lo deseado y mas allá del deber cumplido y el retorno en servicios por la prestación de recursos que vía los impuestos el sector productivo presta al Estado.

El caso del Estado Francés nos da una lección y la voz de alarma pues en estos momentos el gobierno pretende establecer un impuesto provisional de un 75% a la riqueza. Pero Francia no es solo la excepción, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, procura gravar a los generadores de rentas a partir de 450 mil dólares anuales.

En España, Grecia, en toda Europa, Asia, y en América Latina el Estado padece de la misma enfermedad, aumentar las recaudaciones a costa de gravar al sector productivo, generador de rentas.

Por lo pronto solo nos queda como secuela de una praxis, adjetiva, recaudatoria, un proceso de quiebra en masa del aparato productivo durante la próxima década.

Un Estado recaudador es una amenaza y sentencia de muerte para el sector productivo.

La inteligencia partidaria nos debe llevar a, más que un freno, erigir la escuela de gobierno, centrada en mercado, riquezas y finanzas publicas de cara a modelar el estadio del desarrollo del Estado.

La crisis financiera que vive el mundo moderno es fruto del modelo de finanzas públicas que da origen al Estado moderno.

El  pensar está en crisis en la sociedad del siglo xxi y el Estado, el gobierno y el liderazgo partidario la alimentan..



Miguel Ángel Severino












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