domingo, 25 de mayo de 2014

Una nación, un Estado, y una sociedad en bancarrota.



No hay posibilidad de superar el estadio de la pobreza, tan presente, en tanto caminar hacia un real proceso de generación de riquezas, divisas, ingresos y empleos productivos, sino no hay ruptura del y con el modelo de finanzas públicas actual.

Los gobiernos de turnos han tenido como prioridad,  en términos fiscal, recaudar ingresos a costa de los actores que generan riqueza (la empresa y el empleo productivo) sin parar en el daño que causa el modelo fiscal al aparato productivo.

En ese contexto cabe preguntar cómo (?) recaudar ingresos públicos en un mercado integrado por empresas que operan con altos niveles de precios respecto a los factores productivos que intervienen en su proceso de generación de bienes y servicios..

Como (¿) puede ser rentable el sector privado (el comercial, la industria, el turismo, la agropecuaria, energético, de servicio) si tiene que pagar una alta tasa de interés bancario, altos precios de los combustibles,  y sobre todo tener que soportar una entramada estructura tributaria con niveles ( promedios  impositivos) por encima del 50%, sumados todos entre sí.

Ante este cuadro en menos de tres años el sector privado (micro, pequeña y mediana empresa) ha de iniciar un ciclo recesivo, de quiebra, por efecto de una política de finanzas publicas contraria al desarrollo, y fiscalista por demás sin precedente en la historia nacional, y de la región.

Ojo al Cristo que es de cera!

Lo anterior no es todo, pues, a esta problemática hay que sumar el riesgo mercado que viene dado por la falta de titulación de la tierra (municipal, reforma agraria, comunera). Más del 80% de las tierras dedicadas a la agropecuaria carece o tiene titulo falso. Pero, igual sucede con la tierra urbana y suburbana de la municipalidad del país y sobre todo de la Macro Región Higüey, que es propiedad o de bienes nacionales, la reforma agraria o el Consejo Estatal del Azúcar.

Si a lo anterior sumamos la falta de mercado, seguro, para la producción local, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que estamos en un punto de inflexión del quiebre en masas, de la ruina, del sector productivo y de la industria nacional. El  modelo carga consigo la quiebra en serie del mercado local, y la deserción de la inversión y los inversionistas extranjeros.

El  sector productivo no puede lograr supervivir con un cuadro, tan adverso en materia de finanzas publicas, caracterizado por una política, permanente desde la década de los ochentas, de recurrir a los pasivos financieros para homologar los ingresos deficitarios respecto a los gastos excesivos en cada ejercicio fiscal. Hemos llegado a tener pasivos financieros por encima del orden de los 150 mil millones de pesos, como promedio, en la última década.

Un nación con más de  50% de su población vestida de pobreza, y con una clase media convertida en pobre,  no está en condiciones de financiar un Estado, un gobierno, con un presupuesto público tan elevado, y sobre todo con compromisos de gastos institucionales, corrientes, improductivos y duplicados e ineficientes.

En materia de política fiscal, y sobre todo de gasto público, se hace necesario tirar lastre al mar antes del naufragio. En tal sentido sugerimos cerrar, eliminar, la Cámara de Diputados, en tanto dedicar parte de los recursos ahorrados para financiar el plan nacional de titulación de la tierra municipal, suburbana y urbana, la tierra de la reforma agraria, la tierra comunera y sobre todo la tierra dedicada a la agropecuaria, a la industria inmobiliaria y el sector turístico.

El plan de reingeniería y reducción del gasto público, a lo racional, bien puede agendar la eliminación de los Ministerios de la Juventud y de la Mujer. Fusionar, en el Ministerio de Obras Publicas,  la Osoe, el Invi e integrar en todas las oficinas de Ingeniería de cada Ministerio.

En el plano de la seguridad nacional  y ciudadana se hace necesario dividir la policía nacional en tres departamentos: Policía Técnica, adscrita a la Justicia,  la Policía Ciudadana adscrita a la municipalidad, y la Policía Rural, adscrita al Ejercito Nacional para dar protección y seguridad al hombre del campo y al sector productivo.

En cuanto a el Ejercito Nacional sugerimos crear el Ejercito de la Zona Fronteriza, dejando a la Marina de Guerra la cuida del  mar, la Aviación Dominicana quedaría reducida a las tareas de protección del espacio aéreo y dar soporte al ejército en la frontera, a la policía urbana y rural y a la marina de guerra. Siempre llevando sus estructuras a lo necesario y útil...

por otro lado se impone eliminar el Instituto Agrario Dominicano, IAD, y el Consejo Estatal del Azúcar. El primero, el IAD, se ha convertido en una inmobiliaria y tenencia de tierras improductivas. Su razón de ser, en el contexto de la Alianza para el progreso, ha desaparecido. Hoy días es un estorbo, una retranca para la producción agropecuaria nacional. El Consejo Estatal del Azúcar, ni es estatal ni   produce azúcar, ni bueyes para el transporte. Es una carga para el Estado, por demás.

Se hunde el barco y la nación entera, la esperanza y el porvenir presente.

Miguel Angel Severino Rodríguez






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