martes, 6 de mayo de 2014

..un Estado analfabeta, en materia fiscal



Es una vergüenza que el Estado, gobierno, sea analfabeta en materia de política fiscal (tributaria y presupuestaria) en pleno siglo xxi.

Durante las dos últimas décadas el Estado ha sido incapaz de formular y/o ejecutar un presupuesto público tasa cero (0) en materia de fiscal, puesto que ha tenido que recurrir a los pasivos financieros, recursos externos e internos, (títulos y valores, y prestamos) para superar el déficit de los ingresos respecto al perfil de gasto. (Ver presupuestos públicos desde el 1989 hasta el 2011).

A lo anterior hay que establecer que el Estado, durante igual periodo, ha dejado de recibir más de mil millones de pesos por conceptos de erosión tributaria, como consecuencia directa de una de las peores administraciones tributarias en toda la América latina.

El proceso de crecimiento y complejidad experimentado, a nivel nacional e internacional, por el sector público, el sector privado, las ciencias administrativas, el mercado, la tecnología y los propios objetivos que procura, hoy día, el Estado moderno no han sido suficientes como para modelar un sistema tributario ágil, eficiente, eficaz, y costosiano, a la vez que sea factor estratégico en la ruta hacia el estadio del desarrollo..

En cada ejercicio fiscal, los responsables de perfilar y formular la política presupuestaria de los gobiernos de turnos no han hecho más que remendar y/o poner parches rotos en materia tributaria, pues desconoce, la administración tributaria dominicana, los hechos que graba el sistema tributario nacional, toda vez que carece el Estado de un sistema de cuentas nacionales y estadísticas a nivel patrimonial y financiero que le permita cualificar y cuantificar los hechos imponibles..

Tal parece que en materia fiscal en el país se cumple la Ley de Murfy, “si algo puede salir mal, saldrá mal”.

La ley Fingale, “algo que pueda ir mal, ira mal en el peor momento posible”, parece un determinismo histórico de la política presupuestaria dominicana a juzgar por la presente reforma tributaria que cursa postgrado en el Congreso nacional.

De igual manera pudiera estar marcada la gestión tributaria dominicana, en términos históricos, por el principio de Hanlon, adagio que reza que “nunca le atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”.

Tal parece que es una constante en los Estados, “modernos”, ascender, a los puestos de mayor nivel, a aquellos que están en capacidad de hacer los peores daños administrativos.
  
No es posible que en el siglo xxi el Estado moderno, que cuenta con modernas técnicas de investigación, no haga uso de ellas para estudiar los costos operativos del mercado para generar riquezas, divisas, capitales, rentas y empleos productivos antes de perfilar las políticas públicas en materia de finanzas publicas y de manera especial en lo relativo a política fiscal, tributaria y presupuestaria.

Es toda una vergüenza que el Estado dominicano siga como el cantor, Julio Iglesias, tropezando con la misma piedra.

La teoría costosiana de mercado y finanzas publicas tiene la respuesta la pregunta del millón como (¿?) incrementar los ingresos públicos sin la necesidad de crear nuevos tributos y sin aumentar las tasas de los ya existentes.


..el Estado, moderno, es analfabeta en materia fiscal, lo que constituye una vergüenza en pleno siglo xxi.


miguel ángel severino








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