martes, 20 de mayo de 2014

La República, un modelo atrapado en el tiempo (1)..



Abordar la Republica, en el contexto de la sociedad del siglo xxi, es un desafío  llamado a superar y que revela el estadio de atraso del pensamiento político, de la ciencia y las  teorías gerenciales responsables de modelar y estructurar toda la arquitectura filosófica, funcional, organización y gerencial de lo que ella, es en sí, de manera objetiva y subjetiva, de los órganos, los sistemas, los instrumentos, y procesos que la configuran en calidad de referente institucional rector de la vida y todo el accionar de la sociedad, las organizaciones, el objeto de ser, holístico, y de los múltiples objetivos modernos que cumple en torno al hombre libre, cuyo carácter libertario lo erige, en tanto lo recrea el debido proceso dialectico del desarrollo.

Existen varios conceptos que han servido siglos de confusiones académicas, y teóricas, y que, en contexto del presente artículo,  nos compete entramar en el contexto de las ciencias sociales y en particular de las teorías administrativas. Nos referimos a los términos; Republica, Estado, Gobierno, y Democracia.

La confusión es mayor cuando la teoría administrativa o la teoría política, por separado, han tratado el problema de estudio sin la conexión epistemológica pertinente. No es posible abordar la republica ajena a la semántica y al entramado objeto,  de estudio, la sociedad, el actor protagonista de la misma, el hombre, los recursos naturales y  el territorio, la tecnología y el desarrollo, la norma de conducta social, moral y jurídica, y el propósito insoslayable de la construcción del bien ético, espiritual, político y patrimonial para la consecución de una vida plena objeto del desarrollo holístico del hombre y su hábitat.

La Republica ha sido, vista por la teoría política, como sistema político, y jurídico, entramado al imperio de la ley, a través de la constitución, o desde la óptica evolutiva del Estado de derecho, la soberanía, y la democracia, como sistema de tipo instrumental.

La sociedad del siglo xxi, y sobre todo el estadio del desarrollo, requiere de un cambio de paradigma respecto al proyecto de República como un todo, sistema, integrado el Estado, el gobierno, un modelo democrático en el marco del proceso de cambio y complejidad experimentado a nivel nacional e internacional por la propia sociedad, la ciencia, la tecnología, el mercado, los objetivos característicos del estadio del desarrollo a partir de la comprensión de  la teoría de la necesidad y la ley de la temporalidad del hombre, en calidad de ejes transversales de su propia existencia.

Por otro lado desde siglos el ciudadano ha venido siendo preso de un pensamiento, por demás obsoleto, respecto a la teoría de la soberanía, la libertad, los partidos, el Estado y la democracia.


Veamos.

La República es un sistema político centrado en el imperio de la ley,  donde la soberanía pertenece al pueblo, la forma de escoger a los gobernantes descansa en las mayorías, y la teoría de la división del trabajo sirve de soporte a la triangulación de las funciones poderes del Estado. Pues, nada más incierto, banal, barato, caro y costoso para el ciudadano común.

La ley es lo que menos impera, en tanto es secuestrada, vía mecanismos de control a partir del modelo o modo de escogencia de los jueces y la creación de las instancias judiciales, donde el Estado de partido impone, a través de los legisladores, su visión, su versión en tanto en algunos casos las sentencias son redactadas fuera del sistema judicial.

No hay nada más incierto, y ajeno al ciudadano que el carácter, supuesto teórico, de la soberanía popular, pues esta descansa en un formato entreguista y donde el debido proceso ciudadano, versión del debido proceso penal, no existe en tanto que una vez el ciudadano vota, ha perdido para siempre su patrimonio democrático, el voto, el cual solo sirve para regalar, prestar, rentar, alquilar, poder cada cierto tiempo,  a un funcionario (Presidente, legislador o munícipe) que una vez electo no hay forma de que pueda honrar, saldar, la deuda social,  republicana del modelo respecto al elector. 

En una que otra ocasión llega la República, el modelo,  a la incompetencia, funcional, a la vez que no responde a las expectativas prestatarias ofertadas tras el voto. En otras tantas ocasiones recibe el ciudadano una mala, pésima, gestión, o el usufructo del poder prestado de parte y en  provecho personal, del funcionario..

El modelo de República carece de mecanismo para inducir al funcionario a honrar  el compromiso social con el elector en términos ético, moral, social, político y programático. No tiene la República un conjunto de normas, un sistema burocrático, funcionariado,  centrado en méritos y competencias a la vez que premia el modelo la no articulación de políticas públicas orientadas a generar riquezas, divisas, ingresos y empleos productivos a través de las entidades entramadas a las cadenas de valor del territorio.

El debido proceso de ley es una política de tipo instrumental garantista, en lo que concierne al sistema judicial, a las partes vinculadas y actores del conflicto. Sin embargo, no existe la figura del debido proceso ciudadano donde este le otorgue protección y garantía, al ciudadano, por las malas prácticas institucionales de la República, del Estado, del Gobierno y de sus funcionarios.

No hay nada más barato e ineficiente, en el estado de cosas de la República, que los principios del  imperio de la Ley, la libertad, y la soberanía. Los altos niveles de inseguridad ciudadana, jurídico, político, patrimonial y financiero; los permanentes déficit fiscales, y pasivos financieros, el alto costo del dinero en el mercado, el alto gasto corriente en que incurren los gobiernos son más que suficientes, indicadores, de los cientos hallazgos negativos que nos obligan a pensar, en tanto reclamar un nuevo paradigma, una visión holística y humana del modelo agotado de la República que envejece de manera acelerada a la vez que brilla por su ausencia, cada vez más, un liderazgo ético, moral, y responsable en el quehacer burocrático que reclama el estadio del desarrollo, por venir.

Continuaremos..



Miguel Angel Severino