jueves, 31 de julio de 2014

el estado de embarazo del Estado


Si bien es cierto que el Estado es la entidad que menos ha evolucionado desde su creación no es menos cierto que ha quedado, hoy, peor embarazado por una carga burocrática innecesaria que lo hace menos ágil, mas perezoso, más caro y más barato.

El Estado ha devenido en ser un elefante blanco, devorador del erario y carente de valor agregado en términos institucionales.

En Estado dominicano bien es merecedor de una reforma integral que abarque, entre otras no menos importantes, las siguientes:

a)      reforma filosófica (visión, misión, propósitos)
b)      reforma estructural (funciones poderes)
c)      reforma organizacional a nivel institucional
d)      reforma sistémica, de proceso..

En esta ocasión hemos querido referirnos a la reforma organizacional e institucional del Estado, y sobre todo lo que tiene que ver con el cuerpo, su estructura, burocrática, del gobierno, y sus organismos ministeriales en primer rango.

Veamos.

El proceso de generación de riqueza, divisa, ingreso y empleo productivo queda entrampado en una maraña costosiana que deja fuera de competencia a nuestro aparato productivo, puesto que la excesiva carga burocrática, nómina improductiva, lo que hace incosteable el Estado marcado por la ineficiencia, y un obsoleto y lento sistema de permisura, eleva el costo de oportunidad en tanto relega del modelo la premisa de justo a tiempo del funcionariado burocrático en sentido general.

Lograr un permiso, o sacar un titulo para operar o legalizar cualquier operación o proceso, bien sea en materia de la construcción, ya sea para obtener el título del terreno, el permiso para construir un puerto marina, o para sacar una mercancía del muelle es una odisea, a la vez que dura una eternidad.

La diversidad institucional relacionadas con un tema o sector eleva el costo operativo del aparato del Estado, duplica esfuerzo, dispersa en tanto hace compleja la burocracia y largo el proceso de gestión, a veces innecesario.

La existencia innecesaria de Ministerios, oficinas, multiplica el caos y renueva, a gran escala, la ineficiencia burocrática, a la vez que multiplica tareas, y unidades operativas que enrarece, multiplica y dificulta el sistema institucional.  Crear una superestructura, innecesaria por demás, empeora el trafico burocrático decisional.

Desde esta perspectiva los ministerios de la mujer, de la juventud, medio ambiente, de minería, no son más que plagas y garrapatas administrativas improductivas e innecesarias, que bien reducidos a gerencias o departamentos los harían más eficientes, efectivos y económicos. En otros casos la dispersión juega ajedrez, pues varias instituciones entramadas tal es el caso del Instituto de Auxilios y Vivienda, el Instituto Nacional de la Vivienda y la Oficina Supervisora de Obras del Estado deben ser fusionadas en un solo organismo adscrito al Ministerio de Obras Públicas.

La reingeniería administrativa tiene una deuda pendiente con el sector salud en tanto reducir los organismos dispersos a gerencias o departamentos del Ministerio de Salud Públicas. Lo mismo hay que hacer con el Ejercito Nacional y la Policía Nacional, dos entelequias burocráticas, mas e, ineficientes.

Sugiero hacer del Ejercito Nacional una policía rural y de la Policía Nacional una policía barrial, ambos casos, sin rangos.

Cada vez tenemos un entramado burocrático e institucional, más, enrarecido, súper numerario, ineficiente, costoso y barato en términos de resultados.
El Estado / gobierno de la sociedad del siglo xxi,  hoy más que ayer, es más costoso, disfuncional, ineficiente y barato en términos de resultados. Su entramado dificulta ofrecer respuestas justo a tiempo, lo que encarece y dificulta la vida operativa de la sociedad, la empresa, el agente, el mercado y del ciudadano en sentido general.

Pero esto no es todo ni lo peor.

En el sector agropecuario tenemos la peor retranca del modelo burocrático productivo. Nos referimos al Instituto Agrario Dominicano, entidad rectora y central del programa nacional de la reforma agraria, que ha repartido millones de tareas a supuestos campesinos, en tanto tenemos cada vez mas campesinos sin tierras, tierras de la reforma agraria y/o asentamientos campesinos abandonados e improductivos y más del 60% de las tierras, perteneciente a la reforma agraria, en manos de terratenientes o particulares.

El 90% de las tierras, destinadas a la reforma agraria, tiene un destino distinto respecto a la producción agropecuaria por decirlo de manera elegante. En cientos de antiguos asentamientos campesinos las tierras, en manos de terratenientes, hoy está siendo rentada a escasos campesinos para la producción de subsistencia.

En lo que concierne a la reforma agraria y de manera particular al Instituto Agrario Dominicano tenemos a bien sugerir su eliminación para dar paso al Instituto de Desarrollo Rural Territorial en el contexto de la propuesta modelo de fincas, aldeas, eco turísticas entramadas a mercado seguro y las cadenas de valor agregado, agropecuaria, territorial.

En lo que concierne al sistema y/o a la educación nacional, desde la básica, la media y la universitaria se hace más que necesario convertirla en un bien público: hacerla gratis y obligatoria, por lo menos hasta el nivel técnico vocacional.

La educación, si es que queremos trascender deber ser gratis y universal, y sobre todo entramada a las cadenas de valor del territorio.

La sociedad nos ha prestado una pizca de talento que hoy reclama, a gritos, un pueblo digno de  mejor suerte y destino.

Es una responsabilidad de los intelectuales, profesionales y académicos la sociedad del siglo xxi modelar los cambios necesarios con miras a convertir el Estado y el gobierno en sendos instrumentos para el desarrollo a la vez que sistematizar un real proceso de generación de riqueza, divisa, ingresos y empleos productivos al menos costo posible.

A menor costo, burocracia, mayor rentabilidad..


Miguel Angel Severino Rodríguez

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