sábado, 8 de noviembre de 2014

Partidos políticos y entropía moral


 Si bien es cierto que tenemos partidos políticos, construcción teórica del pensamiento de mediado del siglo xviii y perfeccionados durante los siglos xix y xx, no es menos cierto que, ellos los partidos, su progreso ha sido tardío y en el mejor de los casos podemos afirmar que presentan una evolución entrópica  a nivel de su estructura, tareas, funciones, y propósitos.

Los partidos del siglo xxi constituyen entramados burocráticos en una perfectible relación con el Estado, las finanzas públicas, y el erario de bajo perfil moral, ético y propositivo.

El maridaje entre partidos, políticos, el  Poder, el Estado, el gobierno, y las finanzas públicas presentas grietas insalvables e incurables en el contexto de una sociedad que solo ha recibido, en dación, pobres, miseria y pobrezas a granel. Unos cuantos pasan a la categoría de ‘ricos’ y perturbadores de lo ajeno, en tanto dejan en la ciudadanía el amargo sabor de la esperanza incumplida desnuda y desnutrida.

Los partidos actuales han prestado juramento a la ineficacia, a la ineficiencia a la vez que concentran sus energías, y recursos para hacer de su burocratismo una eficaz empresa constitutiva de pobres, vagos, y miseria.

El modelo de organización partidario del siglo xxi gira en torno a las masas desposeídas, sin trabajo y menos calificadas. Ellos son más dóciles y fáciles de embaucar con promesas, politiquerías, clientelismo usurero y las migajas hambrientas del Poder y del erario.

De hecho.. repartir migajas entre los pobres es la tarea vital del modelo partidario. Se observan en esa dirección, tareas, a legisladores, munícipes, funcionarios, jueces y políticos repartir, del erario, canastas, canastillas, juguetes, habichuelas con dulce, ron, cajas y fundas navideñas entre otras acciones de peor reparto.

Está ausente, en la vida partidaria, toda práctica ciudadana, la ciudadanía, el desarrollo ético, moral y productivo rural urbano. Hablar de formación ciudadana, de la presencia perfectible de la Escuela Nacional Ciudadana dista de la perspectiva compleja de tareas inconclusas de la partidocracia nacional.

Vivimos en un país con 48, 442 kilómetros cuadrados de tierra, y hemos crecido tanto que  ya tenemos 112 mil kilómetros cuadrados de tierras con títulos.

El descuido, y atraso,  partidario nos ha llevado a ser un país que no ha podido rebasar el estadio del mercado productivo primario (agrícola, pecuario, pesca, agroindustrial, agro turístico, entre otros), y que su principal recurso productivo lo es el recurso tierra.

Esta dificultad, problemática, no ha sido advertida por el liderazgo partidario y en el peor de los casos no advierten que terceros, extranjeros, se adueñan, con practicas dolosas, del territorio donde los partidos deben jugar un rol  en tanto apostar por el estadio del desarrollo en dación del voto ciudadano que los erige gestores burocráticos entre la sociedad, el Estado y el gobierno.

Gracias a la visión, borrosa, de los partidos la población rural ha migrado al territorio urbano en más de un 50% contado a partir del 1960.

Esa traslación social y humana, cuna de miseria, pobre y pobreza, le sirve a la partidocracia para llenar guaguas y reforzar a presencia ‘ciudadana’ en los mítines y caravanas donde el pueblo es llevado como vaca al matadero.

La partidocracia juega su último partido en el ajedrez electoral de la sociedad del siglo xxi.

Dominicano, es tuyo el reto y el desafío de apostar por el Partido ciudadano, por una ciudadanía gestora y protagonista de un destino presente memorable y digno del legado patriotero de los forjadores de la Patria.

El estadio del desarrollo no resiste más larga espera.

Miguel Angel Severino