jueves, 27 de agosto de 2015

La República Dominicana: un nombre que no nos pertenece.



Sin irnos muy lejos en la historia, pues debemos regresar a tiempo al presente, lo que hoy se conoce, de manera impropia, como Republica Dominicana fue habitada por tainos desde el siglo vii hasta la llegada de los europeos en el 1492, siglo xv.

La Isla, para la época del descubrimiento, erra un territorio divido en cinco Cacicazgos, a saber, Marién, Mguá, Maguana, Jaragua e Higüey. Estos eran gobernados por Guacanagarix, Guarionex, Caonabo, Bohechío y Cayacoa respetivamente.

Caciques fueron, por igual, Tamayo, Ciguayo, Matayco, Incaqueca, y Maybona, Hatuey, Guama, Higuamuco, Maybona y Cotubanamá.

De igual manera de los tainos heredamos nombres, que permanecen en el imaginario de y en nuestra cultura, por demás, tales como Barahona, Higuamo, Macorix, Neyba, Bahoruco, Canoa, Bohío, Cemí, Bani, Bánica, Batey, Bayaguana, Bojío, Bonao, Boya, Botío, Cabima, Cacique, Caney, Caoba, Caribe, Carey, Dicayagua, Barbacoa,  Ocoa, Quisqueya, Samaná, Siboney,   Yabacoa, Yamasá, y Conuco entre otros.

Como (¿?) pueden venir los europeos a diezmar las razas, aborígenes, depredar el bosque, la madera preciosa, saquear el oro, esclavizar a los hombres y mancillar a las vírgenes indígenas, y en adición poblar y repartir las tierras,  y nosotros, en honor a tanta barbarie, designar pueblos y el Estado en honor a ellos.

El nombre de Santo Domingo, y de la Republica Dominicana, conforme a lo confiesa la historia, tienen varios supuestos, históricos, ajenos a nuestras raíces, cultura e historia.

Veamos

El término dominicano tiene su origen en el latín, dominicus, que significa domingo. Por otro lado la isla, conforme a los europeos, recibe el nombre e Santo Domingo de Guzmán, un pionero de la orden de los predicadores dominicos.

En ese contexto se considera que el nombre de República Dominicana representa un reconocimiento a la Orden Religiosa de los padres Dominicos. Para ello se alega su contribución a la defensa de los derechos humanos de los indígenas y al desarrollo de la educación y la Cultura Letrada en el país, desde la llegada de los europeos.
Pero, si bien es cierto el hecho de que los Dominicos contribuyeron a introducir desde las Primeras Letras  hasta la creación formal de la primera Universidad del continente en 1538, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), no es menos cierto que los daños ocasionados por los europeos a los tainos (a los recursos naturales, madera preciosa, al saqueo del oro, a la esclavitud, la repartición de las tierras y haber mancillado el honor de las mujeres tainas y diezmada la población autóctona) superan con creces a sus aportes, y por los cuales se les ha pretendido honrar de manera injusta.
La población pre europea, originaria, taina, tiene más meritos y suficientes para reclamar su lugar cimero en la historia, y tatuar con el orgullo aborigen. Él y los nombres de la Republica, la nación, el Estado, las regiones, las provincias, los municipios, carreteras, calles, avenidas y lugares y oficinas públicos les pertenecen, y más temprano que tarde el eco de sus gritos ha de ganar la última batalla celebrada con el reducto europeo que le niega el derecho a la honra y la posteridad enhiesta.
No hemos sido más que ingratos y negado a ellos tal condición de héroes primarios y primogénitos en el devenir histórico. Hoy más que ayer se hace más que necesario hacer un acto de justicia y honrar, a los tainos, designando a las principales instituciones de nuestra nación con los nombres de las figuras emblemáticas de tan noble y glorioso pasado que nos grita su presencia olvidada.
No hay razón alguna para que nuestra nación no haya designado en el Estado, la Republica, con el nombre de Higüey, Cotubanamá, Hatuey, Macorix u otro nombre, que una vez escogido signifique, el, en nombre de la raza taina el homenaje póstumo que nos reclama la historia y la dignidad de los pueblos diezmados por una raza invasora, europea.
La ingratitud no nos puede separar de nuestra sagrada historia y nobles héroes. Honrar honra.
No me siento ser dominicano ante tanta barbarie cometida por los europeos en contra de un pasado glorioso.
El país tiene que cambiar, e iniciemos por Hato Mayor.


Miguel Angel Severino

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