jueves, 30 de abril de 2015

La belleza del poema y la poesía




La poesía pierde belleza en la palabra, por lo que hay que crear y recrear la belleza, perdida, cuando se viste de sintaxis..

Y lo peor de la poesía, y su belleza, es cuando queda refractada y atrapada en y por las pupilas ajenas del poeta, que apuesta por hacer, poesía, y solo alcanza  musgar la belleza, y el poema, que brota en su interior.

El poeta, por más agudo y reflexivo, no logra rescatar en la sintaxis, a través de la lingüística traslativa, no propia, ni erigida, de, por y en la belleza imagen que vuela en alcoba, manifiesta, del poema, reproducir enhiesta, en su interior trascendente, todo poema posible y la su belleza singular y en perspectiva.

Hay una poesía que no logra, de manera total, captar, capturar, apresar, trasladar, articular, aprehender y pintar el poeta en el lienzo del la lengua, el lenguaje y la palabra. Son aquellas imágenes, vistas paralelas, y para las cuales no ha tenido tiempo para configurar de manera teórica en una frase, en una palabra que no ha llegado, por igual, a reproducir el poema y la belleza incrédula.

 Es aquella belleza que queda en el poema, sin escribir, y que queda cual estela en el mar cuando lo arrisca el tenue viento, o cuando la noche vestida en las pupilas de la luna  miran con las estrellas del cielo en y sus ojos atigrados.

Pues, el más pequeño poema, de desnuda belleza y menguada,  es aquel que escapa del poeta y queda atrapado en la palabra, escrita.

Se me ha ocurrido decir y  he dicho, pensado mejor, que, siempre, el poeta deja escapar lo mejor de su poesía cuando la escribe, y la viste de lingüística, pues ella, la belleza del poema, no cabe en el cáliz o la primavera de una prosa vertebrada, por demás.

 Hay toda una poesía que queda presa y atrapada en el lenguaje mudo interior y que no logra escapar, capturar,  rebasar y aprehender el y con el poeta.

Ella queda, la belleza (la poesía), reducida y amplia, majestuosa, incólume, cual manantial, cual perspectiva boreal del orto y el ocaso, horizonte iterativo que le roba al sol traslucido y en una pizca de roció, en la estela ausente de la lluvia recreada en su jornada invertida inacabada, intemporal y fractalaria, reducida en su mismisidad identitaria subjetiva.

La poesía y la belleza del poema jamás han sido vistas, desde esta perspectiva trascendente, en la alcoba de un poema o en las húmedas pupilas, mojadas,  del poeta, trasnochado en la búsqueda hacedora de poesía agotada.

Ella, la belleza, en la poesía, no ha podido ser vista, quedar, por entera y desnuda en el poema ni podido ser, bella, vestida y desnudada por la poesía que la acepta y por el poeta que busca descubrirla, en tanto procura dejar constancia, de la belleza, en el lenguaje literario desde donde la aborda tan cercana y lejos como el cielo en las estrellas y la noche que las toca en perspectiva trastocada..

Y es que desde la misma manera en que los ojos que miran no logran capturar, en todo un mismo momento, todo el paisaje, su vistosidad, de igual forma no cabe en el término, en la palabra, en la sintaxis, toda la carga, reflexión, que nida en el paisaje poesía que recrea al poema, que el otoño desnuda y que el interior humano, desde el espíritu, apodera.

En toda creación poética hay mas poesía y belleza que la creada, por crear manifiesta, y que queda en la bitácora y muy sensible y lejos al ojo del poeta que mudo y ciego queda con el paisaje y al poesía que decanta belleza inadvertida y por descubrir..

El genio creador de la poesía, de la flor y las madrigueras del viento no escapa a la mudez de corto viaje del ojo con que vuela a la estepa donde crece el poema, el cáliz, y la primavera poética creada.

El mundo de la poética es referido, desde y hacia, a tres estadios a saber: la realidad exterior, la realidad imaginaria, existente, erigida; la que crea y a su vez es creada por el poeta, y la construcción poética; y, el poema creado, una realidad trascendente.

Desde esta perspectiva la belleza no agota su realidad, en tanto es continua,  contigua y manifiesta.

La poesía pierde belleza en la palabra.

Miguel Ángel Severino
poeta, en re menor..


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