domingo, 22 de febrero de 2015

Crisis, conflicto y cambio



''La persona que dice que no puede no debería interrumpir a la persona que lo está haciendo. '' Proverbio Chino

La crisis

La crisis es un estado permanente del Estado moderno incubada en el sistema de finanzas pública y, a la vez, un modelo productivo ausente desde antes de nacer, el Estado reflejado en los resultados y en el deterioro evidente en la multiplicación de los pobres, la pobreza y más abundante miseria en cada coyuntura.

Ella, la crisis, es una relación fractal respecto a las personas, a la problemática y a los procesos dados en esta relación social, y holística. Esta relación comporta una estructura, dada, dialéctica en su naturaleza evolutiva, inestable por demás, y sujeta a incertidumbres reversibles en un entramado pendular de la periferia hacia el perímetro del circuito social que la modela.

 La crisis por demás constituye el escenario, el aula, y el aprendizaje de lo impredecible del carácter reversible y entropía de nuestra realidad rural urbana, comercial, agropecuaria, turística, artesanal, cultural, educativa e histórica.

La crisis es la primaria, antesala, del conflicto y la ruptura del paradigma.

Ella ha estado presente en el estado de cosas del Estado moderno dominicano en la medida en que este, el Estado, no ha podido saldar la deuda social en su construcción y permanencia en el devenir histórico.

La crisis inicia en el territorio del Estado integrado por 48, 442 kilómetros cuadrados de tierras y 112 mil kilómetros cuadrados de tierras en  títulos; mas del 90% de las tierras de la reforma agraria, sin título de propiedad, y en manos de terceros y ajenos, por demás, a la reforma agraria; mas del 8% de las tierras con vocación agrícola no poseen títulos lo que ha contribuido a que más del 70% de la población vive, ya, en la zona urbana haciendo más compleja y  profunda la crisis.

Por otro lado la crisis adquiere dimensión mas allá de lo  jurídico, institucional, y de mercado, pues esta problemática, entramada al recurso productivo tierra, afecta de manera directa no solo al abandono del campo, por igual afecta al mercado, al riesgo mercado, y por ende al costo de la tasa activa de interés.

El territorio se torna hostil en tanto estorba la llegada de nuevas inversiones e inversionistas al territorio. Esta realidad profundiza la crisis a la vez que la hace reversible.

Desde esta perspectiva la crisis por la titulación de las tierras del Estado constituye, por decirlo de alguna manera, el eje detonante, transversal, del conflicto a superar para construir la ruta hacia el estadio del desarrollo territorial participativo rural urbano.

El conflicto

La profundización de la crisis da entrada al conflicto. Y con el conflicto entran los actores sociales, individuales y colectivos. Los actores del territorio pasan a ser protagonista de un libreto que muda de Leitmotiv ante cada entramado social que padece la crisis y la lleva al estadio superior del conflicto.

Un Estado, moderno, ineficaz y envejecido, y sobre todo  un entramado político partidario indiferente y carente de valores ciudadanos, compromiso social y vulnerable a toda norma ética y moral confieren rango de ciudadanía al conflicto y a sus actores, protagonistas.

Pero si bien es cierto que la crisis evoluciona, crece y parece reversible, no es menos cierto que el Estado, cada vez, le entrega el patrimonio (y el territorio), la riqueza nuestra, a extranjeros ajenos a nuestra ciudadanía y compromisos de nación y de Patria. Sin embargo, esta situación no pasa desapercibida por un amplio espectro social: Loma Miranda nos mira bien de cerca desde el viacrucis del despojo de la esperanza de una ruralidad enhiesta campesina, pobre y casta, huérfana y sin padrinos patrioteros.

Más de doscientos mil millones en subsidios potencian un conflicto de madurez vestida, rentable, a todas luces, para un sector de una burguesía que renuncia, cada vez, a las sanas prácticas de competencias en un mercado no regulado por el Estado moderno que nos viene hecho para servir a los intereses de una burguesía sin escuela y agiotista.

Por un lado a la clase trabajadora, y empleados públicos que juegan un rol estratégico en el mercado el Estado los obliga a renunciar a una vida digna desde un salario justo y ético.

La crisis no parece tocar las puertas de una casta política, burocrática, que no siente los vientos ni las olas del mercado, y la rigidez monetaria del salario de alcanzar menos productos cada semana, cada mes.
La crisis y el conflicto de las drogas, de la delincuencia, y de la corrupción parecen viajar en el túnel del tiempo, o en el asiento del agujero negro de la historia presente.

La partidocracia, y el liderazgo político pasan por una de las peores crisis de la historia democrática moderna. Esta crisis teje un conflicto sin precedente en el malogrado sistema de partido en tanto sacude la moral herida de su liderazgo con vocación presidencial.

Lo peor de la crisis y del conflicto es la distancia que nos separa del cambio y la ruptura del modelo partidario.  Esto viene a generar una nueva crisis y por igual un conflicto reversible y sobre todo una democracia partidaria enfermiza incapaz de dar respuesta al deterioro progresivo de nuestros males endémicos en términos institucionales, sociales, políticos, burocráticos y  de mercado.

El país carece de alternativa estructurada para percibir y/o construir, y modelar el cambio. El déficit de respuestas y comprensión respecto a la crisis y el conflicto es cada vez mayor.

En tales circunstancias cobra sentido y significado el aforismo que establece que para crear pobre, miseria y pobreza la democracia ha inventado el Estado, los partidos políticos y que el Estado una vez envejecida la democracia y muerto los partidos y el liderazgo político los reproduce sistémicamente.

Los políticos han hecho del Estado una agencia de subsidios. Los pobres, vía el Estado moderno y los subsidios, financian a las grandes empresas, y a toda su burguesía, socia. Paradoja de un destino inagotable.

Cuantas (?) obras, prioritarias para el desarrollo, deja de realizar el Estado como consecuencia directa del subsidio que otorga a las grandes empresas?

El espacio, donde la crisis y el conflicto se reproducen, no es inocente. Es, el espacio, una construcción de Poder, una relación social y cultural, un aprendizaje, una enseñanza desdeñable y útil para erigir el cambio de paradigma del Estado y la sociedad donde Seremos Patria y nación desde una perspectiva ciudadana.

El cambio

El cambio jamás ha podido jugar a la inocencia y a la ingenuidad.

Para lograrlo, el cambio, e interiorizarlo desde la crisis y el conflicto se hace necesario una ruptura con el paradigma social, cultural y gnoseológico. Y desde esta perspectiva tirar por las bordas las ideologías, la cultura de la izquierda, centro y derecha. El antagonismo entre socialista, socialdemócrata, y derecha no nos ha posibilitado formular y/o construir respuestas a las crisis permanentes del modelo ni a los conflictos más allá de reducirlos a la semántica ideológica y populista.

El cambio que requiere y demanda el estadio del desarrollo territorial del país no es ideológico, ni partidario, ni político, es ante todo cultural, educativo y sobre todo entramado a las cadenas de valor agregado del territorio.

Lograr posicionar en la psiquis de la nación, y de cada dominicano, el Estado ciudadano, la Constitución Ciudadana, la Soberanía Ciudadana, la Republica Ciudadana, el referéndum revocatorio ciudadano, la democracia triangulada, el Poder Ciudadano, y sobre todo dar rango constitucional a estos y a las reformas administrativas de los sistemas de planificación, presupuesto, inversión, ministerial y legislativo constituyen, por si, el paradigma del modelo garante del salto de la ciudadanía a partir de un modelo productivo endógeno, territorial, centrado en la cultura milenaria de nuestro mercado, agentes y recursos productivos destinados a generar riquezas, divisas, ingresos y empleos productivos..

Un sistema nacional de ordenamiento territorial y el sistema nacional de regiones territoriales desde estas perspectivas, que inicien con la titulación en firme de las tierras del Estado a nivel rural y urbano han de situarnos,  superados la crisis y el conflicto social, en el estadio del desarrollo que por más de seis décadas nos ha negado el Estado democrático.

Esta tarea, por demás, ajena a la partidocracia, es el compromiso firme e irrenunciable de la generación del 53. La generación que ha decidido apostar por un cambio de modelo a partir y desde la cultura del territorio.

Seremos, ya, el presente.

Miguel Angel Severino Rodríguez





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