sábado, 23 de abril de 2016

Solo un Tercero Imparcial puede salvar la democracia..



El organismo rector y central de sistema electoral no puede ser Juez y parte de su propia causa. Ello ha venido socavando la credibilidad ciudadana en el sistema de partido, en la democracia, en la jurisdicción y en toda la estructura y mecanismos que lo erigen.

El sistema electoral, de la democracia, ha perdido la virginidad moral. Los partidos, desde el gobierno, lo han convertido en un entramado, corrupto, al servicio y en beneficio de un actor, político, presidente de turno, para perpetuarse en el poder más allá del coraje de la norma, y el pudor de las instituciones malogradas.

El modelo partidario, clientelar, y la ausencia de presupuesto moral, y programático recrea y reproduce la problemática que afecta a los agentes productivos, a las familias y al conjunto de organizaciones entramadas a las cadenas de valor agregado del territorio. Pobreza, pobres y miseria es la metahistórica de un sistema político envejecido, caro en su gestión y barato en sus posibilidades.

El sistema electoral responde a una visión estercolera y a un entramado, desprovisto de pudor, y de moral, para arrebatar al ciudadano su más preciado bien, patrimonio, democrático, el voto en cada ejercicio electoral.

Desde el gobierno de turno se erigen mecanismos para vender y comprar la vejez mutilada de la conciencia adormecida de una ciudadanía ausente desde el marco constitucional y el entramado institucional del Estado tardío de posguerra.

Ante el concierto de debilidades del sistema, la estructura organizacional, y todo el proceso electoral tenemos a bien a bien sugerir la creación del Tercero Imparcial, con rango constitucional. La tarea de este mecanismo es la de, a través de una firma de auditoría, independiente escogida por consenso por los partidos, evaluar, certificar y acreditar el sistema, la tecnología, el proceso y los resultados, electorales, y al propio órgano rector y central del sistema electoral respectivamente.

Los Partidos han agotado, ya, su vida útil, si es que alguna vez útil han sido, y por ende el modelo operativo y de gestión de la Junta Central Electoral sufre desgastes y envejecimiento a nivel institucional, y moral, y en especial toda posibilidad de eficiencia, eficacia se ha reducido a cero.


Escapa a la Junta Central Electoral, y al modelo operativo, garantizar y a la vez recuperar la fe y la credibilidad perdidas.

Ante todo el desconcierto institucional solo un Tercero Imparcial, Firma Auditora, puede garantizar RESULTADOS confiables para las partes, ciudadanía actriz relevante y accionista principal y única de la democracia muerta.

El Tercero Imparcial, Firma Auditora, tendría las tareas de evaluar y certificar el papel y tinta impresión de las boletas. De igual manera auditar el sistema electrónico, data, infrarrojo, ultra violeta, el sistema de scanner, algoritmo, y Software, soporte de la gestión técnica y administrativa del órgano rector y central del sistema electoral.

En modo un Delegado, Electoral, no está en capacidad de velar y defender el interés democrático, ciudadano en ausencia Tercero Imparcial.

Es responsabilidad estratégica, y única, de un Tercero Imparcial, Firma Auditora, certificar y acreditar los resultados y ganadores, dados por la JCE, una vez concluido el proceso.

Los Partidos, la JCE y el gobierno dan última estocada, mortal, a la democracia, herida. Ante esta realidad es de alto interés, para el actor, ciudadano, electoral, confiar en el sistema electoral.

Los sistemas de data, infrarrojo, y ultra violeta, la boleta, la tinta, el scanner, a falta de coraje moral, pueden adulterar los resultados.

Solo un Tercero Imparcial, Firma Auditora, puede avalar, certificar, y garantizar RESULTADOS confiables para las partes.


Miguel Angel Severino






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