Si bien es cierto que
tenemos partidos políticos, construcción teórica del pensamiento de mediado del
siglo xviii y perfeccionados durante los siglos xix y xx, no es menos cierto que,
ellos los partidos, su progreso ha sido tardío y en el mejor de los casos
podemos afirmar que presentan una evolución entrópica a nivel de su estructura, tareas, funciones, y
propósitos.
Los partidos del siglo
xxi constituyen entramados burocráticos en una perfectible relación con el
Estado, las finanzas públicas, y el erario de bajo perfil moral, ético y
propositivo.
El maridaje entre
partidos, políticos, el Poder, el Estado,
el gobierno, y las finanzas públicas presentas grietas insalvables e incurables
en el contexto de una sociedad que solo ha recibido, en dación, pobres, miseria
y pobrezas a granel. Unos cuantos pasan a la categoría de ‘ricos’ y perturbadores
de lo ajeno, en tanto dejan en la ciudadanía el amargo sabor de la esperanza
incumplida desnuda y desnutrida.
Los partidos actuales
han prestado juramento a la ineficacia, a la ineficiencia a la vez que
concentran sus energías, y recursos para hacer de su burocratismo una eficaz
empresa constitutiva de pobres, vagos, y miseria.
El modelo de organización
partidario del siglo xxi gira en torno a las masas desposeídas, sin trabajo y
menos calificadas. Ellos son más dóciles y fáciles de embaucar con promesas, politiquerías,
clientelismo usurero y las migajas hambrientas del Poder y del erario.
De hecho.. repartir
migajas entre los pobres es la tarea vital del modelo partidario. Se observan en
esa dirección, tareas, a legisladores, munícipes, funcionarios, jueces y políticos
repartir, del erario, canastas, canastillas, juguetes, habichuelas con dulce,
ron, cajas y fundas navideñas entre otras acciones de peor reparto.
Está ausente, en la
vida partidaria, toda práctica ciudadana, la ciudadanía, el desarrollo ético,
moral y productivo rural urbano. Hablar de formación ciudadana, de la presencia
perfectible de la Escuela Nacional Ciudadana dista de la perspectiva compleja
de tareas inconclusas de la partidocracia nacional.
Vivimos en un país con
48, 442 kilómetros cuadrados de tierra, y hemos crecido tanto que ya tenemos 112 mil kilómetros cuadrados de
tierras con títulos.
El descuido, y atraso, partidario nos ha llevado a ser un país que no
ha podido rebasar el estadio del mercado productivo primario (agrícola,
pecuario, pesca, agroindustrial, agro turístico, entre otros), y que su
principal recurso productivo lo es el recurso tierra.
Esta dificultad, problemática,
no ha sido advertida por el liderazgo partidario y en el peor de los casos no
advierten que terceros, extranjeros, se adueñan, con practicas dolosas, del
territorio donde los partidos deben jugar un rol en tanto apostar por el estadio del
desarrollo en dación del voto ciudadano que los erige gestores burocráticos
entre la sociedad, el Estado y el gobierno.
Gracias a la visión,
borrosa, de los partidos la población rural ha migrado al territorio urbano en más
de un 50% contado a partir del 1960.
Esa traslación social y
humana, cuna de miseria, pobre y pobreza, le sirve a la partidocracia para
llenar guaguas y reforzar a presencia ‘ciudadana’ en los mítines y caravanas donde
el pueblo es llevado como vaca al matadero.
La partidocracia juega
su último partido en el ajedrez electoral de la sociedad del siglo xxi.
Dominicano, es tuyo el
reto y el desafío de apostar por el Partido ciudadano, por una ciudadanía gestora
y protagonista de un destino presente memorable y digno del legado patriotero
de los forjadores de la Patria.
El estadio del
desarrollo no resiste más larga espera.
Miguel Angel Severino
No hay comentarios:
Publicar un comentario