La crisis creada por el pacto por la impunidad y por la
corrupción se muda a las provincias, municipios y a los distritos municipales.
Más de siete mil
dirigentes, excluidos por el modelo de dirección urbano a lo interno del
Partido de la Liberación Dominicana, que hasta ayer tenían puesta la vista en
una carrera municipal y legislativa de cara al 2016, hoy quedan relegados al ostracismo
por un pacto que solo procura y garantiza la continuidad, perpetuidad y ambición de un solo hombre.
Este entramado
amoral y carente de pudor, a todas luces, ha devenido en revelar las cicatrices
que ha dejado la ambición urbana de dos grupos que han reducido (para sus
beneficios) al nicho de sus intereses particulares, y sesgado, la estructura,
tareas, propósitos y los métodos corporativos
de la organización política y el legado histórico, moral e ideológico del Prof.
Juan Bosch.
Este vacío y despropósito
que crea el pacto por la impunidad y la corrupción pende cual espada de Damocles
sobre las aspiraciones de más de miles precandidatos (a nivel municipal y legislativo)
y más de un millón de militantes que ven morir sus derechos ciudadanos.
Las alianzas para
favorecer las ambiciones de una sola persona y en franco perjuicio de más de un
millón de pobres, organizados a lo interno y la periferia rural urbana del
Partido de la Liberación Dominicana, ha traer, y ya por si las traes consigo,
serios inconvenientes en el territorio y el olvido militante de miseria y de
pobreza en el contexto del mejor libreto de reparto del largometraje moral y
olvido callejero ‘’servir a Uno para joder a todos’’.
El acuerdo por la
impunidad y por la corrupción tiene una carga de mezquindad en términos de
pudor y de moral en tanto degrada el sueño y las legitimas aspiraciones
municipales y legislativas de las bases irredentas y miles de dirigentes que
ven tirado a la cuneta su historial político boschista y el imaginario
colectivo que desde los forjadores de la Patria rueda en la colectividad
ciudadana dado en abandono singular.
El pueblo hatero y
con él los pueblos del Seibo, Monte Plata, la Romana, San Pedro de Macorís y la
Altagracia ven llover olvido y miseria desde el partido que le ha robado sus sueños
e ilusiones mas prístinas.
Comprender y ver más allá de y esta realidad nos
retrotrae a la vez que nos interioriza en el conocimiento y la comprensión del
disgusto colectivo en medio de una crisis que rueda rural urbana por las calles
pobres de una vecindad que muere junto a la esperanza, ajena, y, secuestrada
por una cúpula que solo mira y juega el juego de bolsillo..
La miseria de los pobres no debe ser el horno
del pan de los de arriba.
La rebelión de las mesas ha de ser el siguiente
capítulo del presente largometraje.
Visto desde esta perspectiva la democracia se juega su ultima carta.
Miguel Angel Severino
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