viernes, 25 de marzo de 2016

Ciudadano



Es pertinente antes de abordar el concepto de ciudadano referir o establecer el significado de la ciudad y de ciudadanía.

Ciudad

Ciudad, es una relación, espacio, territorial, administrativa, civil, política y jurídica donde la persona, ciudadano, desarrolla su vida y/o reside.

Ciudadanía

La ciudadanía es una relación de pertenencia, respecto a una ciudad, nación o Estado, que adquiere una persona y que otorga la constitución política de un Estado, per se.

Ahora bien cuáles son los deberes y derechos que otorgan la ciudadanía, la ciudadanía, y el Estado al ciudadano para erigirlo como tal, ciudadano pleno!

Derechos de ciudadanía

La  Constitución política del Estado, tardío, dominicano, ver Sección II, artículo 22, Derechos de Ciudadanía, son los siguientes:

a)     Elegir y ser elegibles para los cargos que establece la presente constitución;
b)     Decidir sobre los asuntos que se les propongan mediante referendo;
c)     Ejercer el derecho a iniciativa popular, legislativa, y municipal, en las condiciones fijadas por la Constitución y las leyes;
d)     Formular peticiones a los poderes públicos para solicitar medidas de interés públicos y obtener respuesta de las autoridades en el termino establecido por las leyes que se dicten al respecto;
e)     Denunciar las faltas cometidas por los funcionarios públicos en el desempeño de su cargo.

Esta relación tardía de derechos, ciudadanos, revela, en tanto desnuda, la falta de un sistema de ciudadanía, ciudadano, entramado al sistema político, de la República, la democracia, el Estado y el gobierno, la familia y el mercado, productivo por demás. Un sistema garantista ciudadano, centrado en valores, requiere en tanto demanda la sociedad moderna del siglo xxi de cara a apuntalar el estadio del desarrollo y el bienestar social de la familia.

El ciudadano es el actor primario del desarrollo, del mercado, de la familia, y de los agentes productivos, del sistema político, democrático, y soporte del Estado y garantía de la nación, y la continuidad del pueblo y la sociedad en su conjunto.



Sin embargo, la mera relación de deberes y derechos, ciudadanos, no erige un sistema de ciudadanía, per se. En tal sentido es necesario, por demás, hacer de la Soberanía el eje transversal del ciudadano, y del sistema de ciudadanía. En tal sentido el acta de nacimiento, la cédula de identidad, derechos, deberes, soberanía (ciudadana), el referendo revocatorio, y el Poder Ciudadano constituyen los elementos estratégicos del sistema de ciudadanía a erigir en calidad de eslabón, primario, del Estado Ciudadano.

El ciudadano es el objeto de estudio, actor central, del sistema de ciudadanía, de la República, y el Estado por demás. Y como eje transversal de la democracia moderna y el mercado el sistema de ciudadanía ha de resarcir su capacidad gestora, decisional y de Poder permanente.

El ciudadano es el dueño y rector del modelo y del sistema que erige, la ciudadanía, a nivel institucional, administrativo, jurídico y político.

Tareas ciudadanas y funciones del ciudadano corresponde a una próxima entrega.

Miguel Angel Severino Rodríguez
Poeta y músico




sábado, 19 de marzo de 2016

Democracia ciudadana


La democracia ha sido tipificada, de manera impropia, como el sistema político centrado en la soberanía del pueblo, el derecho del pueblo a elegir, y, por demás, a controlar a sus gobernantes. Esta, la democracia, no ha tenido espacio, agenda, para el entramado ajedrez triangulado de objeto de estudios y tareas dejadas en el tintero del olvido muy temprano.

Lo de soberanía popular, piedra angular de la democracia, no ha podido rebasar la condición de sinécdoque al referir el todo, pueblo, por el ciudadano que olvida y que no hace objeto ni sujeto de su estudio, realidad enhiesta fracasada.

La democracia, desde su génesis, ha perdido la conexión con el objeto, sujeto, real y verdadero de estudio, finalidad, estructuras y tareas que han involucionado de espalda a la razón verdadera de ser, de la democracia, el ciudadano dotado de ciudadanía por el constituyente, la Constitución del Estado moderno.

Esta visión ciudadana, del ciudadano, es un sesgo no solo de la democracia, pues lo es por igual de la República, de la Constitución, del Estado, de la soberanía, y del gobierno respectivamente. Esta perspectiva ciudadana, construida, eje transversal del mercado, de los agentes productivos, y del modelo sistema político triangulado de la República, la democracia y el Estado nos coloca desde el interior de la problemática que afecta a la familia, y al conjunto de organizaciones entramadas a las cadenas de valor agregado del territorio donde el ciudadano es erigido centro del sistema político triangulado.

El pueblo y la población, centro, de la democracia, son una construcción tardía e insuficiente a relevar de cara a erigir al ciudadano eje transversal de la democracia, la República, el Estado, el gobierno, la sociedad y el mercado.

Dado que el ciudadano es el artífice, actor y quien encarna y erige el derecho, los deberes, la norma, y el entramado y toda la estructura organizacional del sistema político y de los subsistemas que lo validan y dan vida institucional. Y en virtud de que el ciudadano es el actor decisional, con derecho de elegir y ser elegible, consagrado en la carta magna,  tiene que ser validado en calidad de objeto y sujeto de la democracia convirtiéndola en ciudadana, per se.

Si bien es cierto que la Constitución política del Estado moderno reconoce en tanto otorga rango constitucional a la Ciudadanía, no es menos cierto que el Ciudadano brilla por su ausencia. Lo más cercano lo constituye el nacional, dominicano, dotado de los deberes y derechos inherentes a la Ciudadanía  soslayando al actor central, el ciudadano.

La democracia, la República, el Estado, la soberanía, el pueblo, la sociedad  no son más que meros términos lingüísticos, parte del entramado retorico de la figura literaria sinécdoque. De la teoría de las instituciones debemos pasar al estadio ciudadano, al ser, actor estratégico de la familia, el pueblo, la sociedad, la nación, la República, la democracia y el Estado. Propugnamos por un modelo, sistema, ciudadano eje transversal de las políticas públicas del Estado del bienestar, del cual es gerente responsable el gobierno y el mercado.

La democracia, a partir de la doctrina ciudadana, es el sistema político que tiene por objeto colocar la ciudadanía, y al ciudadana en particular, en el centro de las políticas públicas, del mercado, de la República, del Estado, de la nación y del Gobierno, y, en especial, del sistema político ciudadano tras el estadio del desarrollo territorial per se.

La democracia ciudadana viene a conformar el portafolio doctrinal integrado por la doctrina de la ciudadanía, la República ciudadana, la soberanía ciudadana, el Estado ciudadano, el Poder Ciudadano, el Referéndum Revocatorio Ciudadano, la Constitución Ciudadana y el sistema político ciudadano, el cual evoluciona de los partidos políticos a las Candidaturas Ciudadanas.

La sociedad del siglo xxi nos reclama, de manera tardía, dar contenido ciudadano al entramado filosófico, doctrinal, teórico e institucional del modelo político ciudadano.

La naturaleza, estructura y tareas de la democracia ciudadana es tarea para una próxima entrega.

Miguel Angel Severino

músico y poeta 

jueves, 17 de marzo de 2016

Candidaturas Ciudadanas I



Los partidos políticos tienen sus génesis en la quiebra de la sociedad feudal, y su transición hacia la sociedad industrial, en un contexto, histórico, cuando la burguesía requería de un modelo y estructura organizacional para sustituir el estamento, estrato, de la nobleza, clero, que respondía a los criterios feudales en cierne como modelo, entramado, de lo que hoy conocemos como Partido, político.

De la sociedad estamentaria, compartimiento estanco (de la nobleza, el clero, tercer Estado, muy propia del feudalismo y el Antiguo Régimen), cerrado, pasamos al modelo partidario, político, erigido, marcado, a partir de las clases sociales. Este último, el modelo partidario, es una construcción de la sociedad moderna, de finales del siglo xvii, el último tercio del siglo xviii, y énfasis en la primera mitad del siglo xix en la Inglaterra y los Estados Unidos de Norteamérica.

Tanto el modelo estamentario, de la sociedad feudal, como el partidario, democrático, surgido con el Estado moderno. Ambos han cumplido su rol y misión. Cada uno ha dejado una estela de sombras y luces, uno más que otro.

Los dos modelos, cada una en su época,  fueron y son herramientas destinadas a servir de puente, vinculo, y sobre todo de política de tipo instrumental para establecer una mejor relación entre la sociedad, el pueblo, el mercado, los agentes productivos, la familia y el ciudadano respecto al Estado / Gobierno. El derroche de pobreza, miseria, y la multiplicación de los pobres nos reclama, hoy más que ayer, una reflexión profunda respecto lo caro y costoso del sistema de partido, constituyendo una carga para el Estado y la sociedad, y que el saber, filosófico, del siglo xxi está llamado a superar en el corto plazo.

El proceso de crecimiento y complejidad experimentado por la sociedad, el mercado, el sector privado, el sector público, las ciencias administrativas, y la tecnología y sobre todo por la escasa evolución experimentado por el Estado moderno nos obliga a auditar la estructura, poder, funciones y tareas del propio Estado / gobierno, y en especial el modelo político partidario democrático en el contexto del sistema político de la Republica que parece agotado, por igual.

El parto del Estado moderno, a partir de la controversia y el conflicto fiscal, comercial, nos ha legado un Estado Jurisdiccional tardío, y sobre todo divorciado del mercado, de los agentes productivos, y el concierto de las organizaciones vinculadas a las cadenas de valor agregado del territorio. Los partidos no han podido quebrar, ni superar el estadio de involución del Estado moderno que erige y sugiere la problemática que hereda y reproduce la sociedad del siglo xxi.

El Estado lo comportan, a saber, tres elementos: territorio, población y soberanía. Su génesis lo constituye la controversia y el conflicto entramados a la problemática del mercado, y la ausencia de un modelo productivo alrededor de la familia, en calidad de agente productivo transversal del estadio tardío del desarrollo que ha profundizado el modelo político, partidario, en tanto ha devenido a, y en , ser una carga parasitaria para las finanzas públicas y un impuesto, improductivo, vía las debilidades del modelo de gestión del gobierno, a los agentes productivos, en detrimento del capital de trabajo de estos, los agentes productivos.

El Estado jurisdiccional ha hecho de la función política un compartimiento estanco judicial que multiplica las trabas burocráticas del desarrollo tardío, a la vez que encarece y enmaraña la gerencia administrativa que le es propia y característica de un modelo temporal que traba la fluidez del mercado, el desarrollo inmobiliario, la banca y la generación de riquezas, divisas, ingresos y empleos productivos.

El modelo de relación entre el Estado, gobierno, el mercado, y los agentes productivos ha sido alterado por la gestión política y su estructura organizacional  y operativa, per se.

Los Partidos políticos, hijos del Estado jurisdiccional, han multiplicado el modelo y el carácter ineficiente de este, el Estado. El entramado organizacional, el encuadramiento operativo de la militancia y de los dirigentes los conviertes en un modelo piramidal, y ajeno a la democracia, per se, que los sostiene y erige en dictadura, delegada, estatutaria.

La teoría de la jerarquía, de la división del trabajo, el principio de la norma, y la doctrina, clausula,  de la reserva y la concentración de y del Poder, en la cúpula partidaria, y el Jefe de la organización política, han secuestrado la pluralidad, y el espíritu democrático partidario. En virtud de ello la militancia, la organización, los dirigentes no son más que parte del modelo de encuadramiento político que sirve a la usurpación y concentración del poder en manos de una casta, minoría, autoritaria.

Este modelo, agotado, político, partidario, ha secuestrado el mercado, las finanzas públicas, el gobierno, para sí, y ha obstaculizado la evolución tardía del Estado desde el siglo xvii hasta la sociedad del siglo xxi.

Tal parecería que el pensamiento, filosófico, que da soporte al modelo político, partidario, democrático, ha envejecido, pobre, y a la vez renunciado a su propia evolución. Desde esta perspectiva hemos decidido apostar por el modelo de Candidaturas Ciudadanas para la sociedad del siglo xxi que aspira a profundizar la democracia ciudadana a partir de la ciudadanía soberana y dueña de sí misma y para sí.

Continuaremos en nuestra próxima entrega, con la estructura, naturaleza y tareas del modelo político de las Candidaturas Ciudadanas.


Miguel Angel Severino 

Partidos, Escuelas de Corrupción e Impunidad

Los partidos, políticos, han sido definidos como aquella entidad de interés público cuya finalidad es a de promover la integración y pa...